Mirando el periódico he leído una frase atribuida al
escritor inglés Chesterton en la que este decía que “las cosas muertas son las
que van con la corriente y solo las vivas son las que pueden ir en contra de la
corriente”. Esta frase me ha hecho reflexionar a propósito de la anterior nota
donde señalaba la diferencia entre el “tradicionalismo” y la Tradición, que
muchos tienden a confundir, cuando en realidad en muy poco o en nada se
parecen. El “tradicionalismo” tiende constantemente a una lectura petrificada
de la Tradición, entendida esta como el depósito de un conocimiento que, por su
propia naturaleza sapiencial, libera al ser humano de todas las ligaduras que
le impiden “reconocer” (atención a esta palabra “circular”) su verdadera
identidad. Es la liberación de la ignorancia de que nos hablan precisamente
todas las tradiciones verdaderas. “De la ignorancia condúceme al Conocimiento,
de las tinieblas condúceme a la Luz”, podemos leer en los textos hindúes.
Si la ignorancia es la “muerte” del alma, el
conocimiento le devuelve la vida, o sea la “regenera” y la hace “nacer de
nuevo”, que es lo que impide el “confort espiritual” del “tradicionalista”.
Este ha entendido, o mal entendido, que la iniciación a lo sagrado es tener una
buena “formación teórica” de la doctrina metafísica y de los textos de la
Tradición y de sus verdaderos intérpretes o hermeneutas, cuando en verdad esto,
que por otro lado es imprescindible, no sirve para nada si no se implica el ser
entero en semejante aventura y sacrifica –“hace sacro”- su “yo”
individualizado, que es una forma de llamar a la transmutación alquímica. Por
eso René Guénon habla de que el “tradicionalista” es un simple “buscador”, o
sea que va de una lectura a otra, sin “fijar” (alquímicamente hablando) en su
alma el “espíritu” contenido en la letra. En este sentido, todos somos, o hemos
sido, en algún momento “tradicionalistas”, y como dice el Evangelio, “quien
esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Por eso existe la
“rectificación”, palabra igualmente alquímica, y masónica, que tiene que ver
con la idea de eje.
El tradicionalista, convencido de su “saber”, puede
permanecer en ese estado indefinidamente pensando que por el simple expediente
de la comprensión teórica está “realizando” un camino espiritual. Puede haber
“comprendido” a ese nivel teórico, pero no ha “entendido” nada. Precisamente
esa búsqueda sin rumbo es sinónimo de inestabilidad, que es todo lo contrario a
la “estabilidad” interior de quien ha tomado como guía a la Inteligencia,
“viendo” a través de sus ojos y “comprendiendo” a través de las “luces” que
ella misma enciende en la más profunda oscuridad de la caverna de su corazón.
Contra esta certeza nada puede la “corriente” de este mundo, por eso el
verdadero “buscador” que vive intensamente sus hallazgos
intelectuales-espirituales va “contracorriente”. Como “El Loco” de los arcanos
del Tarot que, como se dice en Introducción a la Ciencia Sagrada. Programa
Agartha (de Federico González y Colaboradores) no pretende tener razón ni
demostrarla sino que su locura es un estado “de amor a la Vida y al
Conocimiento”.
“¿Y por qué me llamáis: Señor, Señor, y no hacéis lo
que yo digo? Todo el que viene a mí y oye mis palabras y las pone en práctica,
os mostraré a quién es semejante: es semejante a un hombre que al edificar una
casa, cavó hondo y echó cimiento sobre la roca; y cuando vino una inundación,
el torrente dio con fuerza contra aquella casa, pero no pudo moverla porque
había sido bien construida. Pero el que ha oído y no ha hecho nada, es
semejante a un hombre que edificó una casa sobre tierra, sin echar
cimiento; y el torrente dio con fuerza contra ella y al instante se desplomó, y
fue grande la ruina de aquella casa”. (Lucas 6: 46-49). Francisco Ariza
https://franciscoariza.blogspot.com/
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