MISCELÁNEA DE PENSAMIENTOS HERMÉTICOS. Francisco Ariza

lunes, 28 de enero de 2019

A "CONTRACORRIENTE"


Mirando el periódico he leído una frase atribuida al escritor inglés Chesterton en la que este decía que “las cosas muertas son las que van con la corriente y solo las vivas son las que pueden ir en contra de la corriente”. Esta frase me ha hecho reflexionar a propósito de la anterior nota donde señalaba la diferencia entre el “tradicionalismo” y la Tradición, que muchos tienden a confundir, cuando en realidad en muy poco o en nada se parecen. El “tradicionalismo” tiende constantemente a una lectura petrificada de la Tradición, entendida esta como el depósito de un conocimiento que, por su propia naturaleza sapiencial, libera al ser humano de todas las ligaduras que le impiden “reconocer” (atención a esta palabra “circular”) su verdadera identidad. Es la liberación de la ignorancia de que nos hablan precisamente todas las tradiciones verdaderas. “De la ignorancia condúceme al Conocimiento, de las tinieblas condúceme a la Luz”, podemos leer en los textos hindúes.

Si la ignorancia es la “muerte” del alma, el conocimiento le devuelve la vida, o sea la “regenera” y la hace “nacer de nuevo”, que es lo que impide el “confort espiritual” del “tradicionalista”. Este ha entendido, o mal entendido, que la iniciación a lo sagrado es tener una buena “formación teórica” de la doctrina metafísica y de los textos de la Tradición y de sus verdaderos intérpretes o hermeneutas, cuando en verdad esto, que por otro lado es imprescindible, no sirve para nada si no se implica el ser entero en semejante aventura y sacrifica –“hace sacro”- su “yo” individualizado, que es una forma de llamar a la transmutación alquímica. Por eso René Guénon habla de que el “tradicionalista” es un simple “buscador”, o sea que va de una lectura a otra, sin “fijar” (alquímicamente hablando) en su alma el “espíritu” contenido en la letra. En este sentido, todos somos, o hemos sido, en algún momento “tradicionalistas”, y como dice el Evangelio, “quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Por eso existe la “rectificación”, palabra igualmente alquímica, y masónica, que tiene que ver con la idea de eje.

El tradicionalista, convencido de su “saber”, puede permanecer en ese estado indefinidamente pensando que por el simple expediente de la comprensión teórica está “realizando” un camino espiritual. Puede haber “comprendido” a ese nivel teórico, pero no ha “entendido” nada. Precisamente esa búsqueda sin rumbo es sinónimo de inestabilidad, que es todo lo contrario a la “estabilidad” interior de quien ha tomado como guía a la Inteligencia, “viendo” a través de sus ojos y “comprendiendo” a través de las “luces” que ella misma enciende en la más profunda oscuridad de la caverna de su corazón. Contra esta certeza nada puede la “corriente” de este mundo, por eso el verdadero “buscador” que vive intensamente sus hallazgos intelectuales-espirituales va “contracorriente”. Como “El Loco” de los arcanos del Tarot que, como se dice en Introducción a la Ciencia Sagrada. Programa Agartha (de Federico González y Colaboradores) no pretende tener razón ni demostrarla sino que su locura es un estado “de amor a la Vida y al Conocimiento”.

¿Y por qué me llamáis: Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? Todo el que viene a mí y oye mis palabras y las pone en práctica, os mostraré a quién es semejante: es semejante a un hombre que al edificar una casa, cavó hondo y echó cimiento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el torrente dio con fuerza contra aquella casa, pero no pudo moverla porque había sido bien construida. Pero el que ha oído y no ha hecho nada, es semejante a un hombre que edificó una casa sobre tierra, sin echar cimiento; y el torrente dio con fuerza contra ella y al instante se desplomó, y fue grande la ruina de aquella casa”. (Lucas 6: 46-49). Francisco Ariza

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sábado, 26 de enero de 2019

NOTA ACLARATORIA SOBRE EL 'TRADICIONALISMO'


He visto recientemente que en una página dedicada, según dicen, a la Tradición Perenne, mi nombre aparece incluido en una lista de “autores tradicionalistas” elaborada por esa misma página a partir de una encuesta. He de decir, en primer lugar, que quien esto escribe no se considera en absoluto un autor “tradicionalista”, expresión que en su momento tanto René Guénon como Federico González, Ananda Coomaraswamy o Alan Watts, ya se encargaron de separarla cuidadosamente del término “tradicional”, así como de Tradición, que está relacionada con la idea de transmisión de la Ciencia Sagrada o Cosmogonía Perenne, comunes a todas las culturas verdaderamente tradicionales. El “tradicionalismo”, o lo “tradicionalista”, es en el fondo un producto más de la “mentalidad escolar” o “académica”, en definitiva profana, y que por tanto no llega a captar la auténtica esencia de lo que significa el Conocimiento metafísico. De ahí a confundir la metafísica con la religión, o lo iniciático con lo místico, va solo un paso.

Acerca del “tradicionalismo”, señala a este respecto René Guénon en el capítulo “Tradición y Tradicionalismo” de su libro El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos que:

En suma, el ‘tradicionalista’ no es y no puede ser más que un simple ‘buscador’, y es por eso por lo que está siempre en peligro de extraviarse, puesto que no está en posesión de los principios que son los únicos que le darían una dirección infalible; y ese peligro será naturalmente tanto mayor cuanto que encontrará en su camino, como otras tantas emboscadas, todas esas falsas ideas suscitadas por el poder de ilusión que tiene un interés capital en impedirle llegar al verdadero término de su búsqueda. Es evidente, en efecto, que ese poder no puede mantenerse y continuar ejerciendo su acción sino a condición de que toda restauración de la idea tradicional sea hecha imposible, y eso más que nunca en el momento donde se apresta a ir más lejos en el sentido de la subversión, lo que constituye, como lo hemos explicado, la segunda fase de esta acción.

En más de una ocasión he comentado entre mis amigos de Facebook que desde hace muchos años mi único interés está centrado en la investigación de los códigos simbólicos de la Tradición Unánime y de las distintas formas tradicionales emanadas de ella, en mi caso principalmente la gran Tradición Hermética y sus vehículos, entre ellos la metafísica de la historia, disciplinas a las que considero un soporte intelectual-espiritual para ir realizando mi camino hacia el Conocimiento, donde se que reside la verdadera identidad de mi ser y la Libertad incondicionada a la que ella da lugar, sin necesidad de pertenecer a “listas” que, en el fondo, y con todos los respetos, creo que son poco más o menos que “vanidad de vanidades”, como diría Salomón. Francisco Ariza

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sábado, 19 de enero de 2019

NADIE PODRÁ ARREBATARNOS LA ALEGRÍA DE SER


El Ser –que no es distinto de ti- no puede conocer porque no hay un “otro” que conocer que no sea Él mismo. Esta es una verdad que no admite dudas por la sencilla razón de que todas ellas han sido resueltas, como se resuelven los contrarios cuando convergen sus identidades respectivas, y relativas, en el centro de todas las ruedas: en la Suprema Identidad.

Las metafísicas de todas las tradiciones, que son solo una, así lo manifiestan: el Ser no comprende ni conoce porque el Intelecto y el Conocimiento están en Él. No puede conocer ni ser otra cosa que no sea Él.

Es la criatura la que conoce, o pretende conocer, pues está sometida a la dualidad del conocedor y de lo conocido, sobre cuya dialéctica, y conclusión –que es el Conocimiento en sí- se teje todo el discurso de los que aman a la Sabiduría -que es idéntica al Conocimiento, y al Ser- y arden en el fuego que ella misma alimenta en su corazón.

A raíz de esto, y en una conversación reciente con mi amigo Javier, ha salido esta cita de Juan 16, 17-22:

Sin embargo, aunque estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en alegría. Cuando una mujer va a dar a luz, se angustia, porque le ha llegado la hora; pero cuando ya ha nacido la criatura, la madre se olvida del dolor a causa de la alegría de que un niño haya venido al mundo. Así también, vosotros os angustiáis ahora, pero yo volveré a veros y entonces vuestro corazón se llenará de alegría, de una alegría que nadie os podrá quitar.Francisco Ariza

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sábado, 29 de diciembre de 2018

LA "PIEDRA CAÍDA DE LOS CIELOS"


Debido al interés que ha despertado en ciertas personas la nota anterior sobre la “piedra exiliada” de hace un par de días, queremos ampliar un poco más su simbolismo, que ya fue tratado por René Guénon en el capítulo 44 de Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada, titulado “Lapsit Exillis”. De hecho, estas líneas son el resultado de una meditación sobre algunas ideas expuestas por Guénon en dicho capítulo, y que están directamente relacionadas con la construcción como un modelo de la Cosmogonía y la realización interior, cuestión que está en la esencia misma de la Masonería como heredera del Arte Real practicado por los antiguos constructores, cuyo simbolismo puede transponerse perfectamente a los procesos de transmutación de la Alquimia, también llamada no por casualidad el “Arte Regia”.

Concretamente el tema de la lapsit exillis pertenece a un amplio simbolismo que tiene a la piedra (lapis) como protagonista principal, y podríamos incluso remontarnos a las leyendas y mitos existentes en determinadas tradiciones donde se habla de los “hombres nacidos de la piedra”, es decir que ésta tiene un valor genésico y fecundador, pues por lo general eran, y siguen siendo, piedras que por sus características “orgánicas” atraen los rayos y relámpagos, actuando así como intermediarias entre el cielo y la tierra. Estas características se potencian cuando, como es el caso que tratamos, las piedras son caídas o descendidas de los cielos, relacionándose así directamente con los misterios del “renacimiento” iniciático y alquímico.

A este respecto, el mismo Guénon nos recuerda que esas piedras descendidas de los cielos (y que por eso mismo están como exiliadas en la tierra, de ahí el nombre de lapsit exillis, que es una contracción fonética de lapis lapsus ex caelis, la ‘piedra caída de los cielos’) no son otras que los aerolitos y los betilos, los que de forma unánime han sido considerados como especialmente sagrados por todos los pueblos tradicionales. Estas piedras eran “mensajeras” de los dioses, es decir de los estados superiores, y por su intermedio era posible comunicarse con ellos y recibir su influencia. Tenían, pues, una función oracular, además de fecundante.

Así, la Tradición dice que la piedra sobre la que Jacob apoyó su cabeza para dormir era un betilo, de ahí que el patriarca le pusiera a ese lugar el nombre de Beit-el (Casa de Dios), que con el tiempo se convertiría en la ciudad de Belén, lugar de nacimiento de Cristo como todos sabemos. Se dice que durante su sueño Jacob vio una escalera cuya base se apoyaba precisamente en la piedra, y de la que descendían y ascendían ángeles, es decir los mensajeros de sus estados superiores. Esto nos hace recordar que en algunos cuadros de logia aparece una escalera (llamada precisamente la “escalera de Jacob”) que se apoya en el Altar o Ara, el cual también equivale a la piedra de Jacob.

De pronto nos damos cuenta que reflexionando sobre este artículo de Guénon se nos hace evidente la idea de una genealogía espiritual que desemboca en la tradición de los constructores, y que tiene como protagonista principal a esta piedra descendida de los cielos.

Guénon, partiendo de ese origen celeste, nos habla de que dicha piedra no es otra que la esmeralda que se desprende de la frente de Lucifer (el “Ángel de la luz”) tras su caída; y que esa esmeralda pasa a ser posteriormente la Copa del Grial, en la que se vierte la sangre y el agua que brota del corazón de Cristo; que ésa es la copa que después José de Arimatea (discípulo “secreto” de Cristo junto a Nicodemo) lleva de Oriente a Occidente, concretamente a Gran Bretaña; que allí existía desde tiempos pretéritos una de esas piedras celestes que recibía el nombre de Lia Fail, la “piedra del destino”, que era una “piedra parlante”, y por tanto oracular, y que fue la piedra de consagración de los antiguos reyes de Irlanda y después de los de Inglaterra; que esa misma piedra se identificó con la de Beit-el, la cual, según la tradición hebrea, es también la que siguió a los israelitas durante su travesía del desierto, y de donde manaba el agua que bebían, y que ese agua está en relación con el alimento provisto por el Grial considerado como “vaso de abundancia”; que, en fin, esa piedra pasaría a ser más tarde la piedra Setiyah, o “fundamental”, colocada en el Templo de Jerusalén debajo mismo del Arca de la Alianza. A nuestro entender creemos que aquí está la conexión con la tradición de constructores y por tanto con la Masonería, pues como sabemos los orígenes de ésta (o uno de ellos ya que existe un origen antediluviano de la misma, es decir 'noaquita') se remontan a los constructores del Templo de Salomón.

De esta manera, comprobamos que el ara o altar masónico (o su análogo del templo cristiano), sobre el que se apoya la escalera de Jacob, no es otro que la misma piedra Setiyah, apareciendo entonces dicha escalera como lo que es: un símbolo del eje del mundo que comunica la tierra con el cielo, y el cielo con la tierra, o ciñéndonos al simbolismo de la lapsit exillis: que comunica a la piedra fundamental y central con su origen verdadero: la piedra angular o clave de bóveda del templo, del cosmos y del hombre, la cual constituye la verdadera Piedra Filosofal alquímica, o la “piedra cúbica en punta”, símbolo del Conocimiento y de la Realidad metafísica con la que este se identifica. Francisco Ariza

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jueves, 27 de diciembre de 2018

LA "PIEDRA EXILIADA"


Ciertamente la piedra angular es lo “excepcional” de la obra arquitectónica, cósmica y humana. Ella es una Idea que si la intuimos es también por el vacío que deja su ausencia en el alma, o mejor su olvido, lo cual no es de extrañar pues cada día bebemos un trago de agua del río del Leteo, como un veneno que nos va matando lentamente, pues como todos sabemos el olvido de la esencia es una especie de muerte. Es un desarraigo de la patria celeste, y tal vez por esto una de las denominaciones que se ha dado a la piedra angular sea la de lapis exillis, la “piedra exiliada”, caída del cielo. En realidad es lo que más anhelamos conocer, pues en ella reside la verdadera identidad de lo humano, que paradójicamente es de naturaleza suprahumana.

Jesús le dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí”. (Juan 14-6).

Es el esoterismo, es decir el Espíritu contenido en la letra, el que revivifica permanentemente el exoterismo. La Piedra Angular, el Polo, la Tradición Primordial… son expresiones que de hecho sirven para simbolizar también al Maestro Jesús, y su Enseñanza, que desde luego tiene una lectura metafísica incuestionable, presente en todos los Evangelios. De lo contrario no se entenderían los numerosos hombres y mujeres de Iglesia, y católicos de base, que han sido verdaderos esoteristas y hermetistas, todos los cuales han recreado para su tiempo el Evangelio Eterno. El mismo Jesús dejó dicho a Pedro (el exoterismo) que Juan (el esoterismo, la Iglesia interior) permanecería hasta su segunda venida:

Viéndole Pedro dice a Jesús: ‘Señor, y éste, ¿qué?’ Jesús le respondió: ‘Si quiero que se quede hasta que yo vuelva, ¿qué te importa? Tú, sígueme” (Juan 21, 20-23).

Nosotros somos la Iglesia(Federico González: En el Vientre de la Ballena). Francisco Ariza

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jueves, 29 de noviembre de 2018

EN LOS ORÍGENES DE NUESTRA CULTURA...


En los orígenes de nuestra cultura intervinieron por igual lo apolíneo y lo dionisíaco. Ambos evocan la potencia demiúrgica del Sol, que se expresa bajo un fuego que es luz y pasión, contemplación extática de la Belleza y exaltación de la vida como hierofanía o manifestación de lo sagrado. Son dioses olímpicos, vencedores de los titanes y moradores del “éter inasequible”, también llamado Mundo Arquetípico. La naturaleza del Ser son sus nombres y atributos, todos ellos signados con el “esplendor de la Verdad”.

En los orígenes de nuestra cultura el Mito arcaico, anterior a la historia y por tanto siempre actual, se recreó a través de la palabra alumbrada bajo una Cosmogonía que fue interpretada por Pitágoras mediante el Número, del que derivaría la Filosofía -el amor a la Sabiduría-, desarrollada plenamente por Platón. Como su nombre indica Pitágoras es “hijo de la Pitia”, la intérprete oracular de la serpiente telúrica y primordial; pero también es hijo de Apolo, como atestiguaron sus discípulos pues para ellos era la viva encarnación del Dios Geómetra. Los efluvios de la Tierra y del Cielo se conjugaron en un alma capaz de reconocer toda la herencia de una Tradición sapiencial en la que el Mito constituía su nutriente secreta.

Por razones cíclicas, en el tiempo de Pitágoras los dioses, las ideas-fuerza de la Inteligencia y la Vida Universal, se describieron de otra manera, más acorde con un cambio producido en la mentalidad de los hombres y mujeres de aquella época, un cambio que sabemos se produjo prácticamente a escala planetaria. El discurso del mundo se tejió de acuerdo al modelo numérico por excelencia: la Década, que es la Tetraktys o sagrado Cuaternario, análoga al Árbol Sefirótico de la Cábala, donde también son diez sus Números, o sus Nombres, a los que se agregaron las 22 letras del alfabeto sagrado para conformar los “32 senderos de la Sabiduría”.

En la Tetraktys, “fuente y raíz de la Eterna Naturaleza”, se capturó la esencia de la Armonía Cósmica, por cuyo intermedio el alma humana reconoce su identidad con el Alma del Mundo, con la “sonoridad” del plano sutil más alto, experimentando en íntimas nupcias la unión con el Espíritu, con su Ser. Si bien el intermediario simbólico tomó otra forma de expresión, la experiencia catártica e “iluminadora” simultáneamente dionisíaca y apolínea que ese proceso genera en la conciencia cuando se vive directamente, continuaba estando plenamente intacta pues ambas son inseparables. En lograr su equilibrio consiste gran parte del viaje del Conocimiento.

En los orígenes de nuestra cultura no se perdieron los vínculos con los mitos fundadores, sino que estos se fueron recreando continuamente a través de las distintas artes y ciencias de la Cosmogonía, entre ellas el teatro (originado en los ritos dionisíacos), cuya armazón era asimismo numérica. El mundo como un gran escenario teatral. Dante, siglos más tarde, recogió esa idea y la actualizó en su Divina Comedia, articulada en base a las armonías internas del número en correspondencia con la Escala Filosófica que recorre verticalmente todos los planos y niveles del Cosmos, desde la Unidad hasta su último reflejo en el interior de la Tierra, y viceversa, que es la dirección que toma el ser humano que retorna al Origen. También el pensamiento se formuló a través de la escritura como fuente de transmisión del Verbo, del Logos, pues uno de los dioses olímpicos no es otro que Hermes, el “intérprete y mensajero divino”.

Hermes donó la lira heptacorde a Apolo (y con ella las claves de la armonía de las esferas), y a Dionisos hizo compañero suyo inseparable, ligando así las dos vías e integrándolas en una Tradición de antiguo linaje, conocida como Hermetismo a partir de un momento dado perfectamente verificable. Y hasta hoy, pese a todo. Francisco Ariza

sábado, 10 de noviembre de 2018

EL "YOD EN EL CORAZÓN"


Federico González ha dado testimonio de la Sabiduría, y de su “cuerpo de luz” que es la Inteligencia, o sea de la “lucidez” como un estado permanente de la conciencia. Nada que ver con la “alucinación”, que es una forma de la ceguera, o del espejismo: creer que estás viendo algo que en realidad no existe, ni tan siquiera en la imaginación, que tiene una categoría y además es una función de la mente como saben todos los que se dedican a la Simbólica. No, alucinación como sinónimo de “fantasmada”, de “ostentar” algo que en realidad no se tiene.

La elección de cualquier vía de Conocimiento, ya sea la hermética o cualquier otra tradición sapiencial, te lleva ineludiblemente a un “compromiso” contigo mismo, ¿con quién sino? Esto no significa ninguna obligación. Uno es lo que conoce, y si la gracia del Señor te ha otorgado esa extraordinaria “oportunidad de ser”, de poder llamar a la “puerta de la Sabiduría”, te lo has de tomar en serio. ¿Donde se “inicia” uno en el Conocimiento sino es, en primer lugar, en su propio corazón?

Todo lo que tu eres, es decir todo tu ser, el Ser, ya está ahí, en el corazón, solo que en forma de semilla, de germen, que no por casualidad es la forma que tiene la letra hebrea yod, o iod, de ahí la expresión tradicional “el yod en el corazón” para referirse precisamente a esa realidad que tu eres, y que no puedes obviar o ir aplazando indefinidamente su “realización” una vez has descorrido el velo de las ilusiones, o de las alucinaciones. Francisco Ariza

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viernes, 9 de noviembre de 2018

FEDERICO GONZÁLEZ FRÍAS EN EL CORAZÓN. EN EL CUARTO ANIVERSARIO DE SU PASO AL ORIENTE ETERNO


El legado intelectual-espiritual de Federico González Frías es como un viento que “sopla donde quiere y tu oyes su voz, pero tú no sabes de dónde viene y a dónde va; tal es todo aquel que nace del espíritu” (Juan 3: 8). Ese viento trae las semillas de luz de las ideas universales, que irrumpen en la mediocridad de tu vida iluminando el espacio de la conciencia.

Se siembra al “voleo”, como siempre ha sido, es y será en una Tradición que, como la Hermética, está a la “intemperie”, y no metida en un claustro, entre otras cosas porque nada tiene que ocultar. Más bien tiene que “mostrar” y “descubrir”, que no por ello perderá su condición de “hermética”. Como la diosa Isis, que no por descorrer el velo que oculta su rostro deja de ser la diosa de la Sabiduría.

El Misterio es por sí mismo y no necesita de valedores o padrinos. Sí una Tradición que lo vehicule, y que se haga presente en el ágora, como hicieron Sócrates, Platón, Dante y todos nuestros padres fundadores, entre ellos Federico González Frías, a quien hemos podido ver con nuestros ojos, palpar con nuestras manos, y oír con nuestros oídos su verbo de vida.

Devolver lo que se ha recibido y no enterrar en tierra baldía nuestros talentos, otorgados por el Señor de la viña para que los hagamos fructificar, sabiendo que en su Construcción hay lugar para todos. Nadie sobra en ella. Francisco Ariza

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lunes, 5 de noviembre de 2018

EL CEMENTERIO DE LOS DINOSAURIOS


Hace muchos años, una vez soñé que en la montaña del Tibidabo, concretamente en Vallvidrera (Barcelona) a donde iba con frecuencia pues allí tenía buenos amigos, había numerosos restos de dinosaurios, algo así como un cementerio de esos animales prodigiosos, con sus huesos y sus huellas enormes dejadas en la superficie de las rocas. Dentro del sueño me transporté a millones de años atrás. Lo he recordado ahora escuchando una canción que hablaba de los dinosaurios, y también de “egocentrismo”. La letra decía algo así: “¿quién soy yo cuando estoy fuera de mi?, ¿de dónde vengo y adónde voy?”

¿Qué significó aquel sueño? ¿Por qué soñé con un cementerio de dinosaurios? ¿Fue premonitorio como tantos sueños? Pienso en lo que dice René Guénon acerca de los “residuos psíquicos” dejados por una civilización tradicional, o una organización iniciática, cuando las abandona el espíritu vivificador. Pero no es exactamente eso, pues el espíritu continúa vivo, ya que no muere nunca, aunque es verdad que él “sopla donde quiere” y cuando quiere y a quien quiere. Entonces, ¿qué querían decir esos huesos y esas huellas? Recompongo la imagen, y concluyo que los primeros expresan la percepción del tiempo indefinido e inagotable, y las huellas son las del propio Ser Universal, dejadas ahí para que la humanidad no se olvide de su presencia inmanente y siga su rastro a través de la perennidad temporal.

Pero también cabría otra lectura o interpretación del sueño, sin que sea contradictoria con la anterior. Sería esta: con ese espíritu vivificador, que bien sabes que no te ha abandonado, lo mejor que puedes hacer es alejarte de un mundo que ha acabado finalmente por petrificarse, un mundo completamente profano y residual dentro de esta Divina Comedia creada por el Gran Prestidigitador. Aléjate de ese mundo -más bien inmundo-, y no mires hacia atrás como la mujer de Lot, no vaya a ser que acabes como ella, o te pierdas en el abismo del Sheol, entre los muertos. Como dice el Evangelio que ellos se entierren entre sí.

Obra como los héroes de la mitología. Como Jasón por ejemplo, que se hizo acompañar por Atenea, la cual, además de infundirle inteligencia y valor, le aconsejó sabiamente en la construcción de la nave Argo, la que le llevaría a la mítica Cólquida, en el Oriente del mundo. Hazte acompañar tú también por Atenea, o por cualquier otro dios, como Hermes, y que te ayude a construir tu propia nave, tu vehículo interno.

Una vez en el proceloso mar sortea los numerosos peligros que te acecharán, todos ellos formas de las densidades psíquicas. Especialmente pon atención a las “rocas entrechocantes” que es el último obstáculo que se interpone en el acceso a esa tierra virgen, a ese “otro mundo” más real que ningún otro conocido. Sortéalas con cuidado y sobre todo con mucha paciencia. Una vez salvados todos los obstáculos, apodérate sin vacilar del “Vellocino de Oro” que cuelga de árbol-eje, sacrificando al noble Dragón que lo protege. ¿Quién te impide vivir esa aventura arquetípica sino los fantasmas de la mente? Despertarás del sueño al descubrir que nunca te fuiste de ti mismo pues el Ser todo lo contiene y no hay nada que esté “fuera” de Él. Y los dinosaurios que sigan en su cementerio. ¡Ciao! Francisco Ariza

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miércoles, 3 de octubre de 2018

LA DANZA DE LAS MUSAS


La danza de las Musas es la fuente del ritmo universal, de la armonía del mundo. Es un templo vivo. Ellas nos hacen un presente y acuden a nosotros cuando encuentran que nuestros ritmos, es decir nuestros gestos internos, se acompasan con el ritmo universal. En realidad nunca se han ido ¿adónde van a ir? Nacen con nosotros y permanecen siempre, como una posibilidad que en cualquier momento se puede actualizar. Cuando a causa de nuestros despistes el movimiento armónico y la circulación libre de esos ritmos, y de esa danza, se interrumpen, entonces nos salimos fuera del círculo mágico, donde solo hay ruido, "llanto y rechinar de dientes". Francisco Ariza

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